El
19 de junio del presente año, en coincidencia con la Solemnidad del
Sagrado Corazón de Jesús el Papa Benedicto XVI abrió el Año Sacerdotal,
con este motivo se ha escrito mucho. En entregas quiero ofrecerles estas
reflexiones tomadas de varias intervenciones a lo largo de su Pontificado.
“Deseo
de corazón que el Año Sacerdotal –ha afirmado Benedicto XVI-
constituya para cada sacerdote una oportunidad de renovación interior
y, en consecuencia, de firme revigorización en el compromiso de su
misión”.
Palabra y sacramento
son las dos columnas del sacerdocio
“Considerando el binomio
identidad-misión, cada sacerdote –señalaba Benedicto en la audiencia
general del pasado 1 de julio -puede advertir mejor la necesidad de
la progresiva identificación con Cristo, que le garantiza la fidelidad
y la fecundidad del testimonio evangélico. El título mismo del Año
sacerdotal —"Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote"—
pone de manifiesto que el don de la gracia divina precede a toda posible
respuesta humana y realización pastoral, y así, en la vida del sacerdote,
el anuncio misionero y el culto no se pueden separar nunca, como tampoco
se deben separar la identidad ontológico-sacramental y la misión evangelizadora”.
√ “Por lo demás, podríamos
decir que el fin de la misión de todo presbítero es "cultual":
para que todos los hombres puedan ofrecerse a Dios como hostia viva,
santa, agradable a él (cf. Rm 12, 1), que en la creación misma, en
los hombres, se transforma en culto, en alabanza al Creador, recibiendo
la caridad que están llamados a dispensarse abundantemente unos a otros.
Lo constatamos claramente en los inicios del cristianismo. Por ejemplo,
san Juan Crisóstomo decía que el sacramento del altar y el "sacramento
del hermano" o, como dice, el "sacramento del pobre"
constituyen dos aspectos del mismo misterio. El amor al prójimo, la
atención a la justicia y a los pobres, no son solamente temas de una
moral social, sino más bien expresión de una concepción sacramental
de la moralidad cristiana, porque a través del ministerio de los presbíteros
se realiza el sacrificio espiritual de todos los fieles, en unión con
el de Cristo, único Mediador: sacrificio que los presbíteros ofrecen
de forma incruenta y sacramental en espera de la nueva venida del Señor”.
“Esta es la principal dimensión,
esencialmente misionera y dinámica, de la identidad y del ministerio
sacerdotal: a través del anuncio del Evangelio engendran en la fe a
aquellos que aún no creen, para que puedan unir al sacrificio de Cristo
su propio sacrificio, que se traduce en amor a Dios y al prójimo”.
√ “Frente a tantas incertidumbres
y cansancios también en el ejercicio del ministerio sacerdotal, es
urgente recuperar un juicio claro e inequívoco sobre el primado absoluto
de la gracia divina, recordando lo que escribe santo Tomás de Aquino:
"El más pequeño don de la gracia supera el bien natural de todo
el universo" (Summa Theologiae, I-II, q. 113, a. 9, ad 2)”.
√ Por tanto, la misión de
cada presbítero dependerá, también y sobre todo, de la conciencia
de la realidad sacramental de su "nuevo ser". De la certeza
de su propia identidad, no construida artificialmente sino dada y acogida
gratuita y divinamente, depende el siempre renovado entusiasmo del sacerdote
por su misión. También para los presbíteros vale lo que escribí
en la encíclica Deus caritas est: "No se comienza a ser cristiano
por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con
un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida
y, con ello, una orientación decisiva" (n. 1).
“Habiendo recibido
con su "consagración" un don de gracia tan extraordinario,
los presbíteros se convierten en testigos permanentes de su encuentro
con Cristo. Partiendo precisamente de esta conciencia interior, pueden
realizar plenamente su "misión" mediante el anuncio de la
Palabra y la administración de los sacramentos”.
√ “Después del concilio
Vaticano II, en muchas partes se tuvo la impresión de que en la misión
de los sacerdotes en nuestro tiempo había algo más urgente; algunos
creían que en primer lugar se debía construir una sociedad diversa.
En cambio, la página evangélica que hemos escuchado al inicio llama
la atención sobre los dos elementos esenciales del ministerio sacerdotal.
Jesús envía, en aquel tiempo y hoy, a los Apóstoles a anunciar el
Evangelio y les da el poder de expulsar a los espíritus malignos. Por
tanto, "anuncio" y "poder", es decir, "Palabra"
y "sacramento", son las dos columnas fundamentales del servicio
sacerdotal, más allá de sus posibles múltiples configuraciones”.
“Cuando no se tiene en cuenta
el "díptico" consagración-misión, resulta verdaderamente
difícil comprender la identidad del presbítero y de su ministerio
en la Iglesia. El presbítero no es sino un hombre convertido y renovado
por el Espíritu, que vive de la relación personal con Cristo, haciendo
constantemente suyos los criterios evangélicos. El presbítero no es
sino un hombre de unidad y de verdad, consciente de sus propios límites
y, al mismo tiempo, de la extraordinaria grandeza de la vocación recibida:
ayudar a extender el reino de Dios hasta los últimos confines de la
tierra”.
√ “El sacerdote es un hombre
todo del Señor, puesto que es Dios mismo quien lo llama y lo constituye
en su servicio apostólico. Y precisamente por ser todo del Señor,
es todo de los hombres, para los hombres”.
√ La oración es el primer
compromiso, el verdadero camino de santificación de los sacerdotes
y el alma de la auténtica pastoral vocacional. El escaso número de
ordenaciones sacerdotales en algunos países no sólo no debe desanimar,
sino que debe impulsar a multiplicar los espacios de silencio y de escucha
de la Palabra, a cuidar mejor la dirección espiritual y el sacramento
de la Confesión, para que muchos jóvenes puedan escuchar y seguir
con prontitud la voz de Dios, que siempre sigue llamando y confirmando.
Quien ora no tiene miedo; quien ora nunca está solo; quien ora se salva.
Sin duda, san Juan María Vianney es modelo de una existencia hecha
oración”. “Que María, la Madre de la Iglesia, ayude a todos los
sacerdotes a seguir su ejemplo para ser, como él, testigos de Cristo
y apóstoles del Evangelio”